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Machismo a la vuelta de la esquina

  • Elvira Lacorzana
  • 28 nov 2018
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 29 nov 2020

Bajarse la falda, entrelazar las llaves de casa con los dedos de las manos, llevar un número de teléfono marcado, realizar falsas llamadas telefónicas para no sentirse sola por la calle… y muchas más prácticas como estas son habituales entre la gran mayoría de mujeres cuando se encuentran volviendo solas a casa y se sienten vulnerables e indefensas frente a un hombre. 


Cualquier mujer en cualquier país probablemente se sentirá identificada con las situaciones mencionadas anteriormente. 

Aún así, el acoso callejero está lleno de gestos degradantes, humillantes, vejatorios e intimidantes de los hombres hacia las mujeres en cualquier sitio público. Pueden ser las palabras: “Oye, guapa”. Puede ser más intencional, como bloquearle el camino a una mujer, con la esperanza de que ella interactúe con él de alguna manera. Puede ser una acción más agresiva, como cuando las manos del hombre tocan a la mujer sin que esta lo desee.


Sabiendo lo que es el acoso callejero, se puede ver cómo estos ataques hacia las mujeres pueden llegar a acabar en una violación. Muchas de ellas han dado su testimonio, recordando que todo empezó con un grupo de hombres gritandoles desde el otro lado de la calle, aunque la agresión no terminó ahí. Rachel Jewkes, directora del programa global estadounidense What Works to Prevent Violence Against Women and Girls, dijo: “La violación es una consecuencia extrema del acoso sexual”.



En cuanto a los estudios que se están realizando para informar y concienciar acerca de estos actos de violencia de género, la Agencia Europea de Derechos Humanos ha hecho pública una investigación que refleja que entre el 45% y 55% de las mujeres europeas ha experimentado alguna forma de hostigamiento sexual a partir de los 15 años de edad. En España, el porcentaje se sitúa en un 50%. 

Otras encuestas a nivel mundial como “Actionaid”, indican que el 80% de las mujeres encuestadas ha sentido miedo al volver a casa. 


Como solución a este acoso que sufren diariamente las mujeres, algunos países están adoptando medidas económicas para erradicar o, por lo menos, disminuir, el machismo que tan poca importancia le dan los hombres y tan normalizado está en la sociedad. 

Según ha publicado recientemente El País, Francia propone multar con al menos 90 euros el acoso sexual callejero. 


De hecho, un grupo interparlamentario encargado por el gobierno de Emmanuel Macron de definir en qué consiste el acoso sexual en espacios públicos y cómo penalizarlo, ha presentado una serie de propuestas para que acaben siendo ley. 

Según la secretaria de estado para la Igualdad Mujeres Hombres del gobierno francés Marléne Schiappa, se persigue penalizar el acoso sexual y fijar una edad mínima de consentimiento, entre otras cosas. La secretaria también asegura que combatir el acoso en la calle es importante porque es el comienzo de un contínuum de violencias sexistas. 


Asimismo, en España, el pasado mes de enero la Junta de Andalucía lanzó una campaña contra el acoso callejero con el lema “No seas animal”. La iniciativa perseguía erradicar los comentarios sexuales explícitos o implícitos que los hombres hacen cotidianamente a las mujeres en las calles, sin ver en ello violencia. 

En este sentido, el director del Instituto Andaluz de la Juventud Francisco Pizarro, afirma que el acoso va desde el piropo que cosifica, hasta la realización de fotos o los roces en transportes públicos. 

La campaña pretende concienciar sobre un comportamiento más propio de animales que de personas.


Inés Iza, estudiante de Psicología en la Universidad de Deusto, confirma el hecho de haber sido víctima del acoso callejero en muchísimas ocasiones desde edades muy tempranas, y al igual que ella, afirma el hecho de que todas sus amigas también han sufrido estos actos machistas. La estudiante cuenta que en algunos casos de acoso callejero, esos “piropos” han acabo en mayores, dejándolo en manos de la justicia. “A partir de cierta hora de la noche prefiero coger un taxi, aunque esté a cinco minutos andando de mi casa. No me siento segura sola en la calle”, expresa Inés.

Si bien es cierto que queda mucho camino por recorrer, cada vez más el respeto hacia las mujeres como seres humanos que son, y la igualdad de género están adquiriendo mayor relevancia en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Ya no es suficiente con la inclusión de políticas de igualdad en programas electorales, hace falta la acción cotidiana e individual de cada una de las personas que convivimos. Estamos hablando de conseguir un mundo simplemente justo.




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