Un veneno llamado transfobia
- Elvira Lacorzana
- 10 nov 2020
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 25 nov 2020
El pasado 29 de marzo se estrenó la tan aclamada serie “Veneno”. Una obra audiovisual basada en las memorias de Cristina Ortiz, alias La Veneno, famosa colaboradora televisiva y actriz que saltó a la fama en los noventa por ser un icono trans en un época en la que el colectivo prácticamente no existía, y se resguardaba bajo el término de travestismo.
La Veneno, una mujer soberbia, ordinaria y problemática, pero también valiente, luchadora y con las ganas de vivir por bandera, fue capaz de abrir el camino a miles de mujeres españolas que, como ella, querían mostrar al mundo su verdadera esencia, pero no sabían cómo. Sin saberlo, Cristina fue pionera de un colectivo que, actualmente, está en su punto más álgido en cuanto a visibilización. En la propia serie sobre sus memorias se puede ver como fueron otras mujeres las que inspiraron a Cristina a empezar la transición, pero fue ella la que tuvo la valentía de ser un personaje público y mostrar al mundo la vida tan dura de una persona transexual en la España de los noventa.
Prostitución, robos, drogas, malos tratos, precariedad… Eran muchos los factores que le llevaron a Cristina a llevar lo que hoy en día llamaríamos una mala vida, pero, ¿qué otra opción tenía?.
Las mujeres siempre contamos con una situación de desigualdad, de desfavorecimiento absoluto frente a los hombres, principalmente en el trabajo, en los estudios y en las relaciones amorosas. Si al simple hecho de ser mujer, le sumamos el hecho de ser una mujer transexual, los prejuicios aumentan aún más, las dificultades para llevar una vida “normal” son infinitamente superiores. El caso de Cristina Ortiz fue nacionalmente conocido en su momento, y con la serie internacionalmente, pero no es el único, ni mucho menos.
Las mujeres transexuales conviven con unos prejuicios que no les dejan mostrarse como lo que son: mujeres de pies a cabeza.
La transfobia interiorizada con la que vivimos todos les hace la vida mucho más difícil que a las mujeres cisgénero, ya que tienen que luchar a diario para que se les trate como lo que son, para que se les de las mismas oportunidades sin tener en cuenta si sus genitales concuerdan con el género que muestran, para que no se les haga sentir inferiores sólo por haber tenido que pasar un proceso de transición hasta llegar a reflejar lo que siempre han querido.
Por todo ello, considero importante la emisión de la serie Veneno, ya que al margen del personaje televisivo que era Cristina Ortiz, hay un sufrimiento y un camino muy largo detrás del personaje. No era solo una prostituta ordinaria y sin saber estar, era una mujer que no tuvo una vida fácil, y luchó contra viento y marea para conseguir demostrar al mundo que ser mujer es sentirse mujer.
Es por ello que debemos entender que, al margen del temperamento de la mujer transexual más conocida de la televisión española, hay un proceso, un camino largo y duro, con muchos baches que esquivar. Un camino que no seremos capaces de comprender a menos que miremos más allá de una apariencia, de un carácter, de una personalidad. Un camino que La Veneno abrió a muchas mujeres y que, gracias a ella, cada día el colectivo trans obtiene mayor apoyo y visibilidad en la sociedad, y que nunca dejaremos de agradecerle.
Judith Butler ya aclaró en “El género en disputa: feminismo y la subversión de la identidad”, libro en el que establece las bases de la teoría queer que hoy en día tanto se cuestionan, que realizar una diferenciación entre sexo y género vinculándolos a “biología” y “destino” respectivamente, sólo apoya el argumento de que el género es un constructo cultural y una herramienta política de control social. Por lo tanto, aunque se quisiera considerar los sexos como binarios, no habría razón para asumir que los géneros fuesen únicamente dos, ni que estos se correspondieran directamente con alguno de los sexos.


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