Feminismo radical o liberal: ¿Cuál es la diferencia?
- Elvira Lacorzana
- 13 dic 2020
- 3 Min. de lectura
Cuando hablamos de feminismo y de su finalidad, la conclusión siempre es la misma: la búsqueda de la igualdad de las mujeres frente a los hombres; la liberación de la mujer de la opresión masculina. Pero en muchos debates sobre dicha liberación se puede comprobar que, dentro del feminismo existen diferentes corrientes: el feminismo radical y el feminismo liberal, principalmente.
El feminismo liberal surgió por la lucha por conseguir el sufragio femenino, ya que se pensaba que consiguiendo igualdad ante la ley, terminaría la subordinación en la sociedad que sufrían las mujeres.
Esta corriente del feminismo defiende, sobre todo, que la sociedad deje de tener la creencia de que las mujeres son, por naturaleza, menos capaces que los hombres (tanto intelectual como físicamente), y se les deje de discriminar en ámbitos tan primordiales en la sociedad como el académico o el profesional.
El feminismo liberal busca que en la esfera pública esté presente la igualdad de género. Se ocupa de las cuestiones que considera que son opresoras para las mujeres con una determinación política, como por ejemplo la posición de la mujer en el mundo laboral.
Representa otra forma de entender el problema de la opresión hacia la mujer de un modo alternativo al feminismo radical. Busca, principalmente, la libertad individual de cada mujer.
¿Cómo actúa el feminismo liberal ante situaciones actuales de opresión?
Las feministas liberales parten de una doctrina en la que cada mujer puede tomar decisiones sobre si misma en temas tan controvertidos como la prostitución, la pornografía o la gestación subrogada. No buscan abolir estas prácticas, sino normalizarlas, legalizarlas. La mayoría de las feministas liberales consideran que las mujeres tienen que tener la libertad de hacer con su vida y su cuerpo lo que quieran, y que quien esté en contra, suprime derechos y libertades a esas mujeres.
“La subordinación femenina se basa en un conjunto de restricciones de costumbres y legales que les oprimen y bloquean su entrada y el éxito en el llamado espacio público”. - Rosemarie Tong, filósofa feminista liberal estadounidense.
El feminismo radical, por su parte, busca romper de raíz con todos aquellos aspectos que opriman a la mujer.
Si nos remontamos al significado de un pensamiento radical, sacaríamos en claro que es aquel que promueve modificaciones profundas en el orden social, político, económico y/o cultural; o bien todos a la vez.
Como ya he comentado, el feminismo liberal surgió al luchar por el sufragio femenino, ya que en aquella época se pensaba que las mujeres estaban subordinadas porque se les suprimían las oportunidades, y se creía que la igualdad ante la ley era la respuesta para erradicar dicha subordinación. Pero aun habiendo conseguido la tan ansiada libertad ante la ley, la subordinación femenina continuaba igual. Así nació el feminismo radical.
Esta corriente afirma que la sociedad es patriarcal, y en esa sociedad patriarcal, a cada sexo se le impone un género, que mantiene a cada persona en un rol: dominante (hombre), y subordinada (mujer).
¿Qué tiene que ver el género con el feminismo radical?
Es normal hacerse esta pregunta, pero lo cierto es que el feminismo radical y el género están estrechamente unidos.
Si el género es un rol que a las mujeres les hace vivir subordinadas, para las feministas radicales, ese género ha de abolirse. Es decir, que tu sexo -y por ende tu género- no dicte qué lugar debes ocupar en la sociedad, ni tus gustos, ni tus posibilidades…
Al igual que ser feminista radical te convierte en abolicionista del género, también te convierte en abolicionista de la prostitución, el alquiler de úteros, la pornografía, y de todas las miles de maneras de cosificar a una mujer.

La realidad es que el feminismo radical no busca forzar a ninguna mujer a tomar ninguna decisión. Lo que sí hace es cuestionar las razones por las que las mujeres viven oprimidas en la sociedad. Cuestiona los problemas desde su raíz, desde su origen, y trata de reconstruirlos desde una perspectiva de género que no oprima a nadie. Es por eso que, desde mi punto de vista, el feminismo liberal ya no es válido en la sociedad actual. Las mujeres ya tenemos voz y voto en la esfera pública, pero necesitamos amparo en la esfera privada. Necesitamos cambios de raíz, cambios que realmente aseguren esa igualdad entre hombres y mujeres, cambios que no dejen atrás a nadie.



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