top of page

Los privilegios masculinos: ¿realidad o mito?

  • Elvira Lacorzana
  • 1 sept 2021
  • 3 Min. de lectura

A menudo las personas que alzamos la voz a favor del feminismo sufrimos ataques -mayoritariamente por parte de hombres- que intentan desvalorizar nuestros discursos, vivencias o explicaciones. Radical, feminazi, hembrista o misándrica son algunos de los muchos comentarios despectivos que sufrimos las feministas cuando intentamos hacer frente al machismo. Y no hablemos de cuando intentamos explicarnos refiriéndonos a los famosos privilegios masculinos. ¿Qué es eso?, ¿Cómo vamos a tener privilegios si a nosotros también nos matan?, ¿Qué privilegios tengo yo como hombre que tú como mujer no tengas?, y un largo etcétera de preguntas que ya es hora de ir aclarando para poder hacer frente al patriarcado.


Como sociedad, acostumbramos a ver la vida como una meritocracia. Confiamos en que todo lo que nos sucede o tenemos es gracias a nuestro esfuerzo y sacrificio, un rasgo básico del capitalismo que tanto daño hace al género femenino. Pero la realidad es muy diferente, y es que muchas de las experiencias vitales que vivimos vienen condicionadas por los famosos privilegios que tan claros vemos en unos aspectos sociales, y tanto cuesta entender en otros. Sin ir más lejos, el claro ejemplo es el privilegio de ser una persona blanca, binaria, cishgénero y heterosexual. No existe mérito alguno por el que vives más en paz que una persona negra, no binaria, trans y homosexual. Es el simple hecho de haber nacido bajo los privilegios que te aporta la sociedad por tener ciertas características estéticas y sociales que dicha comunidad ampara.


Así pues, en una sociedad meritocrática como la nuestra, parece difícil entender que muchas de las cosas que nos ocurren (tanto buenas como malas) no dependen tanto de nosotros y nuestros actos, sino de rasgos heredados que no controlamos ni elegimos, pero que suponen una ventaja en las sociedades jerarquizadas.


Pero entonces, ¿cuáles son los privilegios masculinos?


Antes que nada, es primordial comprender que muchos de los actualmente reconocidos como privilegios masculinos son, en realidad, derechos que a las mujeres se les niegan, y de ahí pasan de ser derechos para convertirse en privilegios.


El problema no es que los hombres caminen seguros por la calle, sino que las mujeres no lo puedan hacer. El problema no es que los hombres siempre sean escuchados, sino que las voces de las mujeres pocas veces se tienen en cuenta. El problema no es que los hombres obtengan trabajo con mayor facilidad, sino que las mujeres tienen que superar muchas más barreras que ellos para obtener un puesto de trabajo similar. El problema no es que los hombres tengan mayor capacidad de decisión sobre sus cuerpos, sino que las mujeres no tienen la capacidad de hacerlo. El problema no es que los hombres sean hombres, sino que las mujeres son mujeres.



Fuente: Emakunde


¿Y cómo podemos eliminar estos privilegios masculinos?


Si bien es cierto que los privilegios no se obtienen de manera individual, individualizar el debate de los privilegios en vez de asociarlo a un problema estructural llamado patriarcado es un error. Como personas particulares debemos entender que el paso más importante para hacer frente a esta parte del patriarcado es sensibilizando a aquellas personas privilegiadas de su posición social, haciéndoles ver las desigualdades que sufren las personas que no cumplen sus características estéticas y sociales. Se trata de que las personas privilegiadas se responsabilicen de lo que suponen para otros grupos de personas sus privilegios, que no es lo mismo que culpabilizarse.

No es un camino fácil ni rápido, pero la concienciación es primordial para hacer frente al patriarcado y a su armas.




Para más información, pásate por mi Instagram: @ladetallista_ , ¡y no dudes en compartir tu opinión sobre el tema!



Comentarios


bottom of page